viernes, 25 de noviembre de 2011

MUJER GOLPEADA - Elsa Gillari




Intervención digital sobre imagen publicada en internet

ANOTACIONES: LA MUJER - Hugo Luna

La mujer entra o sale de la casa. La casa jamás quedará vacía. La casa es un vientre. “La casa se estrechó contra mí como una loba, y por momentos sentía su aroma descender maternalmente hasta mi corazón” dice Bachelar. La casa guardará el orden femenino sutil, la pipa –es decir su opuesto- será depositada en su caja, no la caja de la casa sino su caja propia como testimonio del efecto de la memoria. La mujer una vez grabó en humo lo que mejor perdura de una promesa. Ella es la promesa y será buscada deseada por los labios por el aire por lo que se au-senta.

La mujer es la madre. Ha trabajado mucho para ello. Mira a su hijo que no es precisamente su espejo. Sabe las diferencias. Recoge su cabello pero no es el único gesto reparativo que tiene con lo que cae, con lo que empuja el viento. Todo lo que hay en ella le pertenece. Por eso ofrece. Quien está frente a ella tiene que saberlo.

La mujer cruza lentamente la calle. No es una coquetería, es una templanza del tiempo. Muchas de las banderas que ahora son jirones sobre los cables, sobre las antenas, sobre las copas de los árboles, sobre los edificios derrumbados o nuevos, sobre los carteles comerciales, fueron estandarte. La mujer no termina nunca de cruzar la calle y en esa militancia, en ese traveling lento, recons-truye.

La mujer es lo que yo llamo la espalda. Sólo la espalda. Lennon decía que es el negro del mundo. Las cuestiones de género han dejado en el tiempo a la vieja Gre-cia y sus pensadores poco amables. Si el eje se corriera por un momento –lo que sería una vida y toda otra vida de trabajo- las cosas no serían antinómicas y no necesitaríamos una ley para que pudiera ocupar cargos públicos. La mujer le digo a la Lispector, a la Duras, a Alejandra Alejandra debajo estoy yo Alejandra. La mujer le digo a Nenúfar. La mujer le digo a lo que guardo en el silencio, no por el pudor de la privacidad, sino por la fragilidad de los corazones.

La mujer entonces, finalmente, inicia también la palabra. De un puro nacimiento, de prodigado cuerpo. La palabra la leche el amamantamiento. La primera palabra antes de que la palabra diera inicio a su fonética aventura. El lenguaje invocado por el latido. La mujer juntó del tendedero las sílabas que ha prestado al vien-to. La mujer ha estado mucho tiempo callada y antes de abrir todas las ventanas, todas las puertas, todos los grifos y las botellas y los mensajes y los asombros ha sentido un sigilo, una idea como un sigilo que nos llena de esperanza. La mujer cierta como el humo o la niebla. Bella como la luz del día

POEMAS VISUALES - Agustín Calvo Galán





UNA VEZ MÁS - Elsa Gillari

Con palabras cargadas de odio y los puños cerrados, la enfrenta; incompatible con su mirada que pareciera de enamorado. Ella, sumisa y con nudos en su garganta, así lo ama, y cree que tan sólo son etílicas palabras –ya pasará-. Se oyeron las sirenas de los paramédicos, y luego, fue hospitalizada, una vez más. Le dijo al Oficial: rodé accidentalmente por la escalera.

ROJO - Laura

El brillo de sus ojos se fue opacando, al tiempo que las gotas bermellón iniciaban el derrotero de un camino teñido de rojo.

Ella pudo haber elegido la gloria y prefirió el anonimato. Pudo haber acariciado la aurora y sólo conoció el ocaso.

Postergó sus sueños de transitar las pasarelas y desfiló por otra alfombra roja, no con pasos elegantes, sino temblorosos.

Se le escabulló el tiempo, sin siquiera saborearlo. Los minutos jadeaban apretujados en relojes aburridos.

Y cometió el error de enamorarse en el lugar no apropiado. Su aventura amorosa - nacida en furtivos encuentros de mediodías apresurados - desembocó en un imprevisto embarazo.

Ambos, inmaduros, afrontaron su inminente debut como padres y prepararon el nido.
El almanaque flameó al galope. El parto se les vino encima y el retoño trajo consigo el desgaste inevitable.

Biberones y pañales ocuparon el podio de un hogar prematuro - algo que él no pudo soportar - y pronto se iniciaron sus escapadas nocturnas.

Ella aprendió a masticar su bronca, procesándola junto con sus lágrimas.
Un aroma a infidelidad flotaba en el aire: pañuelos, cuellos de camisa y calzoncillos aparecían manchados en granate.

Todo fue de mal en peor al entrar en escena un enemigo implacable, en una nueva tonalidad de rojo: el alcohol.

Otra gama de ese color se posaría en su mirada viciada y otra en sus puños incrustados.

Cada noche: una nueva llegada tambaleante, un nuevo golpe, más sangre …
Y a la mañana siguiente, un mapa púrpura aparecía en distintos sectores de su frágil cuerpo femenino.

La joven mujer había soñado con un cuento de hadas, plasmado en azul … pero su realidad le edificó un drama, pintado de rojo …

AYER ME DIERON MUERTE - Katy

Ayer me dieron muerte una vez más
mi propio padre fué
como un animal
muestra los honores
poniéndose en el pecho una medalla.

Morí por la lanza codiciosa
del placer y la maldad
un redoble de tambores que
sueltan las palomas blancas.

Mañana me matarán otra vez,
llevaré otro nombre
y habrá más mentiras,
el animal brinca
atrapa,destripa.

El gastado cuento de Dios
esto será siempre,
jugos salivales mojaban
mi cuerpo, y ahora
la multitud agigantada
mandíbulas tensas
no hacen nada, solo aplauden,

pero yo morí, y mañana
morirá otra.

jueves, 24 de noviembre de 2011

LAS MARIPOSAS - Luis Antonio Aranda Gallegos

Voy a escribir un texto sobre tres hermanas, activistas políticas. Situaré mi relato en la República Dominicana. Contaré que las mujeres fueron encarceladas, violadas, torturadas por un servicio de inteligencia militar y ultimadas por mandato de un dictador, aparentando un accidente automovilístico. ¿Qué dices? ¡Ya existe esa historia! ¡Qué fue la vida de las Mirabal!

CONFIANZA - Ricardo Arregui Gnatiuk

Yerba y azúcar. No creo que interesen para un cuento. Pero es lo que hay. Más el mate y un termo. Conversan. Tienen ya más de cincuenta. El hombre recuerda que, cuando se conocieron, tenían veinte y pico.

Habla y su mujer escucha. Y de vez en cuando asiente con un: “Ajá. Claro que me acuerdo...” Siguen mateando. Y conversando. Es decir, él parlotea su monólogo. Y cuando recuerda el accidente que lo dejó ciego, ella responde: “Ajá...”

De pronto, él pide que lo acompañe a la orilla del mar. Es el atardecer. La hora en que la hostia del sol es devorada por la garganta profunda de la oscuridad.

Al llegar, tantea la cintura de su mujer y la aprieta en un abrazo mientras busca su boca frenéticamente. Ella responde con empeño. Y luego de un largo beso que él todavía no entiende, la que fue su lazarillo durante más de veinte años, lo empuja desde el acantilado, sabiendo que morirá al chocar contra las piedras, mucho antes de haber llegado al agua.

Y, si... Ocurre que el hecho de ser ciego no fue un impedimento para haber sido toda la vida un terrible hijo de puta.


Despeñaderos, Paravachasca, 9 de julio de 2006.-

CONFESIÓN - Teresa Del Valle Drube Laumann

Le era difícil pensar coherentemente, recordar algo, por qué estaba allí. Las voces le llegaban lentas, estiradas y mezcladas con las que rebotaban dentro de su cabeza, mezcladas con sus pensamientos, repitiendo una y otra vez los últimos momentos que recordaba.

No podía abrir los ojos, a pesar que se esforzaba por hacerlo.

Intentaba asirse a la vida con desesperación, pero sentía que la vida se le escapaba como un pájaro entre las manos.

--- No sabemos si la escucha, señora, pero no deje de hablarle. Hablelé con cariño, bien bajito.

“¿Me podés decir qué te pasa?... no sos la misma. Hace tiempo que lo veo: has cambiado. Decime qué te pasa.”

--- ¿Va a despertar alguna vez, doctor?

--- Está muy mal. No podemos arriesgar un diagnóstico, pero siempre hay una esperanza. El coma es impredecible.

“¿Somos o no somos civilizados? ¡Hablá, carajo! ¡Decime qué mierda te pasa!
Luces, estampidos, la cabeza que le arde cada vez más. Intenta mover los labios. Inútil, no le responden los músculos de la cara.”

--- Pobre mi nena, mi dulce nena. ¡Qué te pasó! ¡Quién te disparó! ¡Quién fue el hijo de puta que te disparó!

“No sé cómo decírtelo… no sé cómo decírtelo. Yo… te quise mucho, pero ya no…”
--- Juan Carlos está desconsolado. Cuando te encontró me fue a buscar enloquecido… ¡te ama tanto, pobrecito!

“¡Puta, puta! ¡Cómo me vas a decir que ya no me querés! ¡Seguro que andás caliente con otro! ¡Hablá, reventada o te hago re-cagar matando aquí mismo”

--- ¡Doctor! ¡Doctor! ¡Enfermera! ¡Busque rápido al Doctor! ¡No sé qué le pasa a mi hermana! ¡Se agita desesperada!

“No… No… yo no tengo a nadie, Juanca, pero quiero terminar, no podemos seguir así…”
--- ¡Rápido! ¡El desfibrilador! Por favor, salga, señora. Su hermana está en buenas manos. Dejenós hacer. Nosotros la llamamos.

“¡Sí! ¡No me golpees más! ¡Te odio, hijo de puta! ¡Te odio con toda el alma! Amo a otro… ¡a otro!”

--- ¡Rápido! ¡Rápido! ¡Muévanse! ¡Se nos está yendo de las manos!

“¿Porqué te ponés esos guantes viejos de podar y mi delantal de goma? ¿Querés hacerme doler más tus golpes, cobarde? ¡Cobarde, no te puedo ni ver! ¡No sé en qué mierda estaba pensando cuando me casé con vos…!”

“No, puta hija de puta. Es para cocinarte a tiros, y que no me quede pólvora en las manos. Después los tiro por ahí… donde nadie los encuentre… ¡y fuiste, nena!”

“¡Estás loco, maricón! ¡No Juan Carlos! ¡No! ¡Socorro! ¡Te mentí, Juan Carlos: te amo! ¡Te amo sólo a vos! ¡No disparés! ¡No! ¡Por Dios te lo pido!”

“Las putas no tienen Dios… morí, asquerosa, morí como una víbora…”

--- ¡Dios mío, Doctor! ¿Qué le sucederá? ¡Cada vez se agita más!

--- Es inútil, Doctor… el corazón no resistió… se fue.

--- ¿Cómo pasó? Pero si parecía que iba a salir del coma en cualquier momento.

--- Menos mal que murió sin sufrir, sin saber qué le pasaba. Con el sedante de la inconsciencia.

--- Ahora hay que esperar que la policía descubra quién fue el mal nacido que la atacó. El pobre marido está inconsolable.

--- Y ahora… ¿quién le avisa a la familia? No quisiera tener que hacerlo yo. No podría mirar a ese pobre hombre a la cara. La verdad, yo no sé qué haría en su lugar. Está destrozado de dolor.

--- Lo haré yo, Doctor: como mujer, sabré cómo manejarme frente a un pobre tipo al que le cocinaron a tiros a la mujer. Es imposible seguir viviendo con la inseguridad con que se vive ahora. ¡Ojalá la policía detenga pronto al asesino! ¿Por qué no existirá la pena de muerte en este país?

VIOLENCIA DE GÉNERO - Le Vieux Coq

Tiene que parecer un accidente – pensó Pedro – un accidente perfectamente accidental – mientras veía en su mente los duros ojos de María. Los últimos años habían sido malos. Sólo peleas entre ellos. Malos trabajos con muchas horas y poco para llevar a casa. Llegaba tarde. Muy cansado. Pero no alcanzaba. No alcanzaba a jugar con sus hijos, ni a educarlos, ni siquiera a alimentarlos bien. Eres un fracasado – le había espetado María una de esas tantas noches de recriminaciones. Sin saberlo, ella le había dado la idea – ¿Para qué seguir pagando ese seguro de vida? No fracasaré – pensó mientras aceleraba fuertemente.

LOS AÑOS ARCAICOS - Adán Maimae

Los tiempos arcaicos aun persisten

y aun se denota

en las miradas.

de aquellas humildes mujeres

triste y lejana.

Que se va durmiendo en el alma

buscando ser libre

en esas tierras tan lejana.

Los sueños mueren

al solo pensarlo

el sometimiento en los seres humanos

de padres a hijos se van traspasando.

y aquella dulce mujer

tan débil y delicada

se ha muerto con los años.

se le ha marchitado el alma

Y la sumisión aun le hace daño.



Le llueven tristeza

el temor, consume sus días.

el hombre, amo y poderoso

hacen de ellas, solo una fábrica de crías.

podrá caminar sobre el amor

oh una costumbre lleva

desde el día que se casó.



Siento el alma vacía y con dolor

al ver aquellas humildes mujeres

que aun son sometidas

Y viven con temor

abecés fingiendo el placer.

aunque ya no exista el amor.



Se siente el miedo en la mirada

siempre corren como asustada

como si cada palabra que dicen

de algo se acusaran.

mujer de allá lejos

de una tierra encantada

quise brotar de mi canto

esa pena que llevas en el alma.

No quiero enjuiciar a nadie


...

ALGO MURIÓ EN UNA MUJER - LIZ CARREÑO





Hoy un hijo de puta golpeó a una mujer,
lo hizo delante de sus propios hijos
y limpié sangre de las manos de un niño
que intentó ayudar a su mamá.
Recogí un río de lágrimas de dolor
y me enfrenté con la cara del miedo
mientras curaba heridas de unas patadas
porque no pude sanar las del corazón.
A esta hora, ya no puedo contener la indignación
que me brota por los ojos directa del alma.
Este día tomé los trozos de una mujer que quiero
sintiendo el peso de la humillación en su mirada.
Se me agolparon los reclamos, la denuncia, la tristeza,
me temblaron las piernas ante la brutalidad.
Ahora crece la infección de la impotencia como una enfermedad
que me carcome las entrañas y me lacera la razón.
No puedo fingir ya, algo murió en una mujer este día
hoy lloro un océano completo… lloro por mi mejor amiga.

Cuando la sangre es de una mujer maltratada,
la herida es de todos ¡¡ya basta por favor!!

LA MATÓ PORQUE ERA SUYA - Marquesa Luna

Acababa de salir del juzgado en donde había declarado que el culpable del mordisco que arrancara de cuajo su pezón, había sido su bulldog francés.

Al doblar la esquina, sintió cómo un lacerante puñal atravesaba su espalda. Se giró enroscándose en su propio dolor, y en esas décimas de segundo, en las que era consciente de que la vida se le escapaba desleída en el fluir de su sangre, pensó que ya no tendría la oportunidad de retractarse de su confesión.

Quiso gritar su nombre, quiso llamarlo asesino, mientras intentaba abrazarse a la vida suplicándole que le diese una segunda oportunidad… Nadie la pudo escuchar, porque en ese preciso instante apareció la muerte ataviada con sus mejores galas, tapándole la boca con la iniquidad de un gélido beso.

AMATORIA - Liliana Marengo

Amatoria llegó a la Guardia del Hospital, muy lastimada. Sin embargo, ante las primeras preguntas de rigor, siempre decía, que necesitaba conseguir una pastilla para amar. Los jóvenes médicos se reían de esa mujer a la que habían apodado “Amatoria”. Pero yo, que ya había vivido lo suficiente, y había conversado con ella algunas madrugadas, en las que no había pacientes, sabía que Amatoria, vivía una relación desesperada con su consorte, con el que seguía por años interminables, sólo por cumplir el fuerte mandato, que decía que una mujer israelí, no debía abandonar a su prole por ningún motivo.

La enfermedad, entonces, parecía rotar mostrándose diferentes síntomas. A veces, se le partía el estómago. Otras, aparecía con fuertes dolores en el pecho. Esa noche, un dolor punzante en la espalda, hacía que caminara encorvada.

Recurrí, por simple formación clínica, a un placebo, que puse finalmente en su boca, para evitar su sufrimiento. La mujer me lo agradeció con lágrimas en los ojos y se fue presurosa a su casa, en donde la esperaba su infierno.
Amatoria regresó al Hospital, una semana después, y más lastimada todavía. Entonces me pedía por primera vez en tantos años, y media moribunda, que le consiguiera una pastilla para no amar.

-¿No te hizo efecto la pastilla que te di para que ames a tu marido?
-Sí, me hizo efecto, pero no me gusta amarlo.

HOY ME VISTO DE ROSADO - A. Linette Taboada

Porqué volverme a engañar
Hoy tengo las mismas dudas,
La noche igual esta oscura
Y no puedo caminar.

Si levanto la mirada
Y recorro el cielo entero…
Quizás pueda ver la estrella más lejana
Más no al hombre que yo quiero

Mis instintos están asomados
Y presiento lo de siempre
Siento mis ojos inundados
Y tú gritando impaciente.

Puta…puta…puta…
Me revientas la cabeza
Has llegado enloquecido
Y yo gritando de impotencia.

Más me lleno de coraje
Y me enfrento a mi agresor
Es un hombre… es mi esposo
Que llego sin corazón.

Hoy me visto de rosado
De dignidad y coraje
No aguantare mas ultraje
Ni aunque venga de mi amado.

LA DAMA DE LOS MILAGROS - Marilú Alfaro Frías

Mujeres talladas a puro pulso y enfrentadas a sus impulsos,
De acero y arena y de mi tierra
Mujeres modeladas con sus recursos,
Sin más discursos, sin más enmiendas.

Mujeres coronadas en los senos y en sus fiebres
y en sus pieles de algodón, de melaza y esperanza.
Fragancias iluminadas, peldaños altoestratos libres,
guerreras magníficas sin mordaza, y agua raza.

Mujeres honradas en Paraíso y recordadas por su sabor,
mujeres cálidas y de hechizo, sin fábula y de labor,
mujeres esculpidas en mil relieves y enajenadas en su dolor.

Mujeres nacientes de borbotones, telares y en bosquejo
custodia, fuego y colección de impregnación simiente
pilar de dientes de león y sinergia equis fuente .

Mujeres cinceladas, huracanadas y en catalejos
imperantes en sus desnudos, sus mundos, sapiencia y nudos
mujeres reinantes en sus siluetas y en sus veletas y unidas lejos.

Mujeres torneadas en marejadas y liberadas de lo banal,
origen y expiación en su autoría e inspiración
mujeres reconciliadas a propia voz, cetro eje de su causal
desde confines,
vienen afines,
vencen con fines…
¡brillan igual!.

DENUNCIA- Marquesa Luna

ANICETOS - Liliana Marengo

A Aniceto le encantaba la riña de gallos. Desde muy pequeño, su padre lo llevaba a que viera junto a él semejante espectáculo. En un principio, le daba cierta pe-na y asco, pero a medida que se fue acostumbrando al entretenimiento, fue per-diendo esas sensaciones, para apoderarse de otras. Entre ellas, la adrenalina que se incrementaba, en la puja por el éxito. Y el estado posterior, repartido entre ganadores y perdedores, divididos por esa marca, que luego se dibujó en su propio corazón.

Con el tiempo, su sueño, era llegar a grande y comprar sus propios gallos. Así que con la primera changa, adquirió el primer gallo, al que le puso Amor. No fal-tó mucho, para comprar el segundo, cuyo apodo fue ni más ni menos que Odio.
Tendría que haberlo visto a Aniceto preparar a esos inocentes animales. Lo único que le faltaba era hablarle y con qué cariño los atendía.

Ese mismo Aniceto era el luego los abandonaba al reñidero, y gozaba con el desplume doloroso que sumaba puntos a la función pública.

Luego, casi desfallecidos, después de terminada la contienda, era Aniceto quien con toda delicadeza curaba sus heridas, forjando un vínculo indisoluble con sus gallos. A veces pienso que Aniceto no es un mal tipo, sino que tiene la necesidad de ser amado. Al menos, así me conquistó a mí. Tiene épocas buenas y épocas ma-las. En las buenas, viera qué ternura mi Aniceto. Pero no le ocurra acercarse cuando está enojado. Hay que hacerse a un lado. Es como el gris, mitad blanco y mitad negro.

Eso sí, cuando lloro es extremadamente cariñoso. Me abraza, y hasta se deja matar por mí.

Es raro, uno no sabe nunca con quién está.

Pareciera que tuviera el corazón dividido en dos, pero es uno. El amor de mi vida, mi Anicetos.

CADENAS - Ignacio Camaño

Te veo aquí, mujer...
A las puertas del otoño…
Y ese dulce y lánguido atardecer
en tu existencia,
te otorga...
¡La grandiosidad de lo sublime!

He aquí, mujer...
Que el sol que te ilumina
te confiere...
La excelsa magnificencia de lo arcano.
Y el dorado resplandor
que te ilumina...
Enciende...
¡La voluptuosa flama de la vida,
que comienza nuevamente
cada día!

Hete aquí, mujer...
Que en ti empieza,
a florecer la perenne primavera
que la ilusión engendra.
Al rasgarse las cadenas...
Que te aprisionaban,
al yugo infame
de la soberbia y la barbarie.
Y entonces...
¡Finaliza tu condena!

Estás aquí, mujer...
Con las alas desplegadas,
cual crisálida que sale del letargo
y emprende el vuelo avizorado…
Convertida en mariposa,
bebes los vientos...
¡Y te embriagas con el júbilo
de la libertad soñada ardientemente...!

Por fin has llegado, mujer...
Este es tu sino...
Ve adelante mujer,
siempre adelante...
Hacia el sol...
Hacia el amor...
Hacia la dicha...
¡Hacia los confines inimaginables
del futuro venturoso que te espera!

SIN TÍTULO - Liz Hentschel




"Se llama "Sin Título", porque expresa la derrota, el dolor, el cansancio y el hastío de una mujer maltratada. Y quiero hacer patente que no sólo sufre por maltratos físicos, sino también psicológicos, que creo son aún peores".

Liz Hentschell

UNA CIFRA MÁS - A. Linette Taboada

Cuando Milton llego a su casa ya eran pasada las diez de la noche. Esta era su hora acostumbrada de llegar después de casi 15 horas fuera de su hogar, entre las diez horas de trabajo mal remunerado que tenía, alguna diligencia personal que hacia después del mismo y el tiempo en el pobre transporte público que había en su país. Esa noche algo en el había diferente, su mirada, su silencio, hasta su olor no era el mismo, pero la escena que encontraba en su casa si lo era. Laura siempre estaba en su cama descansando después haber llegado igual que el del trabajo con la diferencia que a ella le tocaba, cocinar, arreglar la casa y estar con su hijo de 12 años ayudándolo en sus tareas escolares. Normalmente ya a las diez de la noche el chico estaba dormido y ella había terminado sus quehaceres y se retiraba a su cuarto a ver un poco de tele y esperarlo. La comida de su marido como siempre estaba servida en la cocina dentro del micro ondas lista para calentar.

Milton no entro a su cuarto como era su rutina, hizo un primer alto en la cocina, de allí fue a su recamara aun en ese silencio mudo que solo entendía él… y vio a su mujer acostada, esperándolo con una sonrisa hermosa, un beso y un abrazo que se quedaron flotando en el tiempo. El solo se abalanzo contra ella y la apuñalo hasta dejarla sin vida.

El resto de la historia salió en los diarios de la mañana… como una cifra más por la violencia de género.

LÁGRIMAS - Silvia Moreno

Se acerca despacio, casi en puntillas, entra en la habitación, está en penumbras, no se escuchan ruidos, agudiza su oído, avanza por ese pequeño pasillo, se encuentra ya en ese dormitorio todo oscuro, todo silencio.


Silencio que penetra en su alma, alma de niña aún pero que ya sabe. . .ya sabe lo que ahí pasó. -- -¿Puedo pasar?- pregunta-. Es tan imperceptible su voz que teme que no la hayan escuchado. Se equivoca; sí, alguien responde: -Pasa-...


Ahí esta tendida en la cama, sin moverse sin hablar, como si no respirara. Se arrodilla a su lado.

Toma la mano de aquella mujer, no sabe que hacer, la acerca a sus labios, la besa, sus lágrimas caen como pequeños cristales.


¿Por qué? ¿Por qué estas así? No puedes más con esto, por favor vámonos, huyamos lejos, yo te quiero.


La mujer la mira, quiere decir algo no puede, sus labios están hinchados, de sus ojos salen lágrimas.


Lágrimas de dolor, de espanto, de angustia, qué puedo hacer, creo que es demasiado tarde...

La niña llora, se acerca trata de acomodarla y ve con horror como está de golpeada esa mujer.

sus senos fuente de vida, están de color violeta, sus brazos magullados, llora, llora, vámonos...le dice ya no se puede más.

Camino al hospìtal, piensa...¿El hombre, que te ama , que te protege, puede dañar así?


Hoy, sentada en esa sala de fríos pasillos con aires de misterio,con aroma a soledad...de pronto , escucha pasos, ese hombre de inmaculado delantal blanco se acerca, su voz la trae al presente, han pasado treinta años.


Con voz serena y pausada le explica: -La señora ya está en sus últimos momentos, ahora solo hay que esperar y que esté lo más tranquila posible,sólo le puedo decir que ya no tiene dolor-. Y se aleja.

Ya no tiene dolor, quedó pensando,dijo ya no tiene dolor, qué sabe él , qué sabe si ella ya no tiene dolor, si toda su vida estuvo llena de dolor, de abuso de maltrato de golpes, que herían la piel, pero que desgarraban el alma.


La piel cicatrizó, su alma se destrozó, su corazón se congeló y su risa se borró para siempre.


Aquellos ojos color canela, ya se cerraron para siempre, pero siento que ella los cerró hace treinta años cuando en nombre del amor su vida cambió.

LA PUERTA - Marquesa Luna

Cada vez que oía girar dos veces la llave de la puerta de la calle, se echaba a temblar y terminaba meándose en la cama. A continuación escuchaba los gritos de su padre entremezclados con los sollozos de su madre. Esa escena se repetía a diario.

Su madre terminó suicidándose con una ingesta de barbitúricos cuando ella tenía doce años.

Ahora cuando siente girar la llave dos veces, sabe que después de que su padre cierre esa puerta abrirá la de su habitación, pero ella ya aprendió a controlar sus esfínteres, y también su rabia, dolor y asco… Sólo piensa en cómo hará para conseguir las pastillas que tomó su madre.

¡NO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO! - Marquesa Luna

JARDÍN SECRETO - Katty Silva

Sabía que estaba en un sillón, pero también sabía que estaba en aquel lugar íntimo, donde los colores son más intensos, y yo, estaba a tu espera, en la cómoda hamaca amarrada a dos árboles. Tu venias caminando hacia a mi y al verte me emocione, de compartir contigo en mi jardín secreto, nos abrazamos y aquellas imágenes de la cruda vida real que llevábamos, se esfumo, ya no existía la sangre en mis labios golpeados, ni lo moretones en toda mi cabeza, ni la marca de tus dientes en mi piel, ya no existía tu rabia, ni tampoco la mía por no defenderme. Solo existía el perdón.